Si algo me ha enseñado la afición a la observación astronómica es que a la hora de hacer previsiones, tienes que ser consciente que todo se puede ir al traste por cualquier imprevisto o imponderable que pueda suceder.
No hay que vender la piel del oso antes de cazarlo.
Y esta incertidumbre la he sufrido de nuevo los días antes del eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026. Meses de preparación, años de espera, para estar pendiente, de nuevo, de las nubes del cielo que amenazaban con arruinar el evento.
Por suerte, mi pueblo se encontraba en plena zona de la totalidad… pero no todo podía ser tan perfecto. Su orientación y las montañas que lo flanquean, hacían que durante la totalidad, ya no fuera visible desde mi casa. Sí o sí, tenía que desplazarme a una zona con visibilidad, y la primera opción era en una carretera de tierra secundaria cerca de la población de La Galera, en el Montsià. Quería evitar aglomeraciones y en esta zona prometía cierta intimidad durante la observación.
Pero desde principios de agosto, ya en el pueblo, la tónica fue de días relativamente despejados, pero con nubosidad a última hora de la tarde hacia el oeste. Nubes que estaban esparcidas por Els Ports de Tortosa-Beseit. Y el día del eclipse me encontré con esta previsión:
Y con este amanecer:
Me entraron sudores fríos. Mi hermano y su familia habían optado por ir a Calaceit, en Teruel, a pasar el día y observar el eclipse desde allí. Así que a última hora, cambio de planes. Mi padre y yo nos unimos a ellos y montamos todo el equipo que había preparado en su coche, y en una hora y media, ya estábamos aparcando en una de las calles de Calaceit.
Independientemente del eclipse, un pueblo precioso y muy recomendable su visita. Y con unas previsiones más esperanzadoras:
Lo primero que hicimos fue ir a investigar sobre los lugares habilitados para la observación. Comprobamos su situación y decidimos ir a dar una vuelta para disfrutar de las bonitas construcciones del pueblo. La que más nos llamó la atención fue la Capilla de San Antonio, por su peculiar portalada que da… al vacío.
Estuvimos discutiendo sobre el sentido de construir un portalón tan monumental por el que no se puede entrar ni salir… una idea era la de servir de pulpito para dirigirse a la feligresía en ceremonias señaladas que se encontrara fuera de la capilla. Pero ve a saber.
Se acercaba la hora de comer, y decidimos que por lo menos, nos llevaríamos un buen recuerdo culinario de la jornada por si llegara a torcerse la observación del eclipse. Y le pusimos realmente empeño para que, en este sentido, todo fuera bien:
Cuando acabamos de comer, salimos a la calle y notamos el fuerte contraste de pasar de un salón con aire acondicionado, a los rayos inmisericordes de un Sol que, a simple vista, no da ninguna pista de lo que va a pasar en unas horas.
Veo que hay nubes en la zona de Els Ports, nada que no esperase, pero en la zona oeste de Calaceit, despejado sin ningún atisbo de nube amenazadora en el horizonte.
Reviso el tiempo previsto en el móvil, y parece estar todo correcto. Nos asomamos a la zona de observación y compruebo que empieza a haber movimiento de personas buscando los sitios más favorables. Decidimos que trasladaremos todos los trastos a un lugar que habíamos localizado antes y que nos parecía adecuado para montar el “campamento” y, mientras mi familia hacía tiempo en la piscina del pueblo, y estaría preparando la intendencia, las gafas solares que había comprado, montando la Nikon D5100 con el teleobjetivo Sigma de 150-500mm encima del trípode Manfrotto 290 Xtra con rótula fluida 2 way y revisando los filtros solares caseros que había preparado.
Ningún lujo. Pero con todas las necesidades básicas cubiertas.
No quise llevar demasiado instrumental. No cogí ningún telescopio ni cámaras adicionales, sólo mi Nikon y el móvil. Me habían comentado que al ser mi primer eclipse total de Sol, era mejor centrar mis esfuerzos en disfrutarlo con todos mis sentidos y no dedicar demasiada atención a filmaciones, fotografías ni equipos de observación especialmente complejos.
Esta era la panorámica que teníamos desde el punto de observación elegido:
Tengo que reconocer que aguantando el Sol desde las cinco y media hasta la siete y media que comenzaba el eclipse se ha hecho un poco cuesta arriba. He intentado protegerme del Sol con un paraguas, pero el calor era bastante insoportable y he tenido que beber bastante agua para mantenerme en buenas condiciones para afrontar lo que se venía.
Datos clave del Eclipse en Calaceit
• Inicio del eclipse: 19:35:41
• Inicio de la totalidad: 20:29:37
• Máximo: 20:30:22
• Fin de la totalidad: 20:31:07
• Fin del eclipse: 20:59:00
• Duración de la totalidad: 1 min 29 s
• Altura del Sol en el máximo: 5°
• Acimut: 285°, aproximadamente oeste-noroeste
• Altura del Sol al comenzar: 15°
Pero si algo tiene el tiempo, es que no se detiene, y a las 19,35h empezó el espectáculo.
En esta fotografía (con el color del Sol modificado) ya se empezaba a ver con claridad la muesca inicial provocada por la Luna sobre la superficie del Sol. De momento, nada diferente a lo que ya había experimentado en otros eclipses parciales de Sol.
Lo que más me llamó la atención fue que pude captar con relativa claridad las regiones activas AR4503, AR4507 y AR4508. Teniendo en cuenta que estoy fotografiando con la Nikon D5100 y el objetivo Sigma de 150-500mm, me ha sorprendido gratamente.
Poco a poco va evolucionando, y a medida que se acerca la totalidad, la excitación entre todos los que estamos observando va en aumento.
Empieza a notarse el cambio de luminosidad en el ambiente y cierto descenso de la temperatura.
Estoy más pendiente de mirar alrededor y de mirar el Sol cada vez más eclipsado con las gafas especiales de eclipse.
Estamos a pocos minutos de la totalidad y el nerviosismo y la expectación son altos.
Y, de repente, los acontecimientos y las sensaciones se disparan. Llega el eclipse total. Por querer verlo en directo, y por qué no decirlo, mi inexperiencia con este tipo de eventos, hace que me pierda el anillo de diamantes. Por suerte, mi hermano si ha sido capaz de captarlo.
Y yo, por mi parte, estoy viendo el Sol con las gafas de eclipse y de repente se aprecia a simple vista la esfera lunar tapando por completo el círculo solar, dejando sólo a la vista la corona. Estoy unos segundos embobado, disfrutando del espectáculo, viendo algo que no había presenciado en mi vida y con una sensación de extrañeza e incredulidad sobre lo que estaba viendo difícil de describir. Realmente, pensando cuánta verdad esconde la frase de “si no lo veo no lo creo”.
Recuerdo que sólo dispongo de un minuto y medio de totalidad. Así que quito el filtro solar de la cámara y hago una foto de la totalidad con su prominente corona.
Cojo mi móvil e intento plasmar la visión de conjunto. En este momento me lamento por no haber cogido otra cámara mejor, pero no hay tiempo para pensar en esto y saco unas fotografías que me servirán de recuerdo y que me permitirán rememorar las bonitas y agradables sensaciones que tuve durante la totalidad.
Y mirando el cielo reparo en un viejo conocido. Venus… y la perplejidad de estar contemplándolo al mismo tiempo que el Sol. Esta fotografía muestra de manera bastante fidedigna sobre lo que podía observar a simple vista en este momento.
Y casi sin darme cuenta, tengo que volver a poner el filtro solar a la cámara y coger las gafas de eclipse. La Luna empieza a sobrepasar al Sol.
La gente emocionada ha acabado aplaudiendo. Yo, poco dado a estas muestras de euforia, me he sorprendido uniéndome a esa ovación, y he acabado con una sonrisa al escuchar a varias personas cantando “otra, otra, otra…” como si fuera el público de un baile de pueblo reclamando más fiesta.
Pero realmente, el espectáculo no había concluido. El Sol se ponía antes de haber acabado el eclipse, ofreciendo sus últimos coletazos y finalmente despedirse con una bonita e inquietante aleta de tiburón surcando el horizonte.
Esta es la última fotografía que hice. El Sol y la Luna despidiéndose y un incipiente Cinturón de Venus marcándose con su color rosado a lo largo del horizonte oeste.
Por la noche, ya de vuelta en casa, intentando ordenar todas las bonitas sensaciones que me ha dejado el día. Los nervios iniciales, el agobio preparatorio antes de empezar el eclipse, la belleza indescriptible de la totalidad y la impresión final de haber vivido un día memorable con la familia, con un recuerdo a mi madre, lamentando que ya no esté con nosotros y no haya podido compartir también con ella esta experiencia.
He hecho un time-lapse con las fotografías que tomé. Puede que no sea el más espectacular que se ha podido ver en las diferentes redes sociales, pero a mí me hace especial ilusión compartirlo con vosotros.
¿Qué estaré haciendo el próximo 2 de agosto de 2027? Dios dirá.

























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