domingo, 23 de septiembre de 2018

M23 - Cúmulo abierto en Sagittarius con el SC de 235mm

Cuando tengo la ocasión de disfrutar de cielos oscuros y del SC de 235mm, suelo centrar mi observación en objetos difusos como galaxias, nebulosas o cúmulos globulares. Las estrellas dobles, variables o cúmulos abiertos los dejo para el SC de 127mm.

Respecto a los cúmulos abiertos la principal razón es que, en la mayoría de los casos, resultan más atractivos si el campo de observación es más amplio, ya que resaltan mucho mejor ante nuestros ojos que si utilizamos un gran telescopio que no nos permite obtener grandes campos.

Pero ello no quiere decir que de vez en cuando no le eche un vistazo a alguno con el SC de 235mm para descansar un poco la vista después de estarla forzando observando objetos más tenues y delicados.

La noche del 14 de agosto de 2018 me encontré en esta situación, y ya que estaba observando por la constelación de Sagittarius, decidí apuntar hacia M23.

Carta generada con Cartes du Ciel

M23 se encuentra situado a unos 2.100  años luz de distancia, El diámetro real que ocupa este cúmulo abierto es de unos 20 años luz, y nosotros podemos verlo con un tamaño aparente de 35’.

A pesar de su tamaño y de la magnitud conjunta que se le asigna, 5,5, es preciso disponer de cielos relativamente oscuros para su mejor observación, ya que la estrella más brillante que lo compone presenta una magnitud de 9,2, siendo la mayoría de sus componentes bastante débiles, encontrándose en el intervalo de las magnitudes 9-11.

Las clases espectrales de sus estrellas pertenecen a los tipos A, F y C, y la edad que se le estima al cúmulo es de unos 300 millones de años.

Fue descubierto por Messier la noche del 20 de junio de 1764.

Este es el dibujo que hice de M23:



Tengo que reconocer que sólo me atreví a dibujar las estrellas más brillantes que podía percibir a través del ocular Hyperion Aspheric de 31mm (75x), ya que me vi superado por el gran número de débiles componentes que aparecían y desaparecían ante mí. Estaban ahí, pero me resultaba difícil ubicarlas correctamente en el dibujo, por lo que opté, como digo, en plasmar sólo las más brillantes.

Espectacular, extenso, con infinidad de componentes blanco azuladas, de un bonito tono metálico.
Tal vez, por su tamaño, sea más adecuado para ser observado con telescopios de menor abertura, como mi SC de 127 mm, sin embargo, el SC de 235 me permitió distinguir muchas más componentes, que, a nivel estético, compensaron el campo más limitado del instrumento.

Un bonito cúmulo que sirve de complemento a los espectaculares objetos difusos que podemos encontrar en Sagittarius.

Esta imagen extraída de Aladin Lite nos da una idea de su belleza:

Aladin Lite

domingo, 9 de septiembre de 2018

M55, cúmulo globular en Sagittarius con el SC de 235mm

M55 es uno de mis cúmulos globulares preferidos. Situado en la constelación de Sagittarius, fue descubierto, curiosamente, durante el periodo de 1751-1752 por Nicolas Louis de Lacaille mientras se encontraba en Sudáfrica catalogando estrellas y objetos celestes del hemisferio austral.

Carta generada con Cartes du Ciel
La órbita de este cúmulo globular se encuentra inclinada unos 60º respecto al plano de la Vía Láctea, tarda unos 100 millones de años en completarla y su distancia al centro galáctico oscila entre los 20.000 y los 5.000 años luz de distancia.

Se extiende a lo largo de 110 años luz y se encuentra a unos 19.300 años luz de distancia de nosotros. A nivel visual presenta un tamaño nada despreciable de unos 19’, mientras que su magnitud aparente es de 6,3. Este último dato no debe llevarnos a confusión. Parecería que con este brillo debería ser muy fácil de observar, pero no es así, como podremos comprobar cuando nos dispongamos a visitarlo. Esta magnitud estimada se diluye en esos 19’ que comentaba antes.

Pero si tenemos la suerte de poder disfrutar de cielos oscuros, tanto da el tamaño del telescopio que utilicemos, tendremos una gran experiencia observacional.

En su día comenté la noche que pude verlo con el SC de 127mm (https://laorilladelcosmos.blogspot.com/2009/08/m55-cumulo-globular-en-sagittarius.html), que ya me dejó una muy grata impresión. Pero lo que experimenté la noche del 14 de agosto de 2018 con el SC de 235mm es lo que ha situado sin discusión a este cúmulo como uno de mis preferidos.

Este es el dibujo que acabé haciendo de él:



La noche presentaba cierta turbulencia atmosférica, sin embargo, a simple vista hacía tiempo que no contemplaba una transparencia tan diáfana. Multitud de estrellas, la Vía Láctea bien marcada sobre mi cabeza. Una de aquellas noches en las que entiendes a aquellos que temían que el cielo cayera sobre sus cabezas.

Animado por ello apunté el SC de 235mm hacia M55 con la intención de sacarle el máximo partido. Presentaba un aspecto imponente, impresionante, fantasmagórico… Es realmente extenso y muestra un buen número de estrellas que destacaban individualmente que se ven envueltas en una especie de nebulosidad, que no era otra cosa que las componentes, muchas componentes irresolubles del cúmulo. Me resultaba casi imposible dibujar lo que veía por el ocular, y confío, como mínimo, haber sido capaz de mostrar una aproximación a lo que me mostraba M55.

La sensación que me transmitió este globular fue que estaba formado por un buen número de estrellas brillantes e incontables estrellas extremadamente débiles, irresolubles, pasando de un extremo al otro sin pasar por un término medio.

Presentaba un brillo global muy uniforme, sin un núcleo central definido y una forma externa con contornos irregulares.

Sea como sea, la impresión que me ofreció M55 por el globular era fantástica.

Es indispensable adaptar bien la vista a la oscuridad, muy aconsejable disfrutar de cielos lo más oscuros posible, y M55 se convertirá sin duda en uno de nuestros globulares preferidos.

Aladin Lite




viernes, 31 de agosto de 2018

Pinturas Rupestres del Cocó de la Gralla, Marte y Saturno

Los astrónomos aficionados solemos comentar que no es tanto lo que vemos, como saber qué estamos viendo y lo que representa, y el 14 de agosto de 2018 tuve la oportunidad de volver a constatar esta aseveración en un campo diferente al de la astronomía. Aunque como veréis después, la cabra tira al monte y terminé relacionándolo todo.

En 2017 se dio a conocer el descubrimiento de unas nuevas pinturas rupestres en el municipio tarraconense de Mas de Barberans. Son conocidas con el nombre de Pinturas Rupestres del Cocó de la Gralla y se encuentran situadas en el Barranc de Montpou, dentro del Parque Natural dels Ports.

Son un ejemplo típico de estilo levantino que se sitúa en abrigos rocosos de piedra caliza. Las pinturas rupestres que se han encontrado en esta zona de la Península Ibérica tienen una serie de características comunes que las distinguen de las pinturas de otras zonas.

A nivel técnico no mezclan colores, es decir, sus representaciones no son policromáticas, usando sólo el rojo, el negro o el blanco. Intentan dar sensación de dinamismo y movimiento a sus pinturas y presentan una clara tendencia a la simplificación de las figuras, que suelen ser de tamaño pequeño.

En cuanto a temática, principalmente representan escenas de caza o ceremoniales donde la figura humana aparece con frecuencia.

Respecto a las pinturas del Cocó de la Gralla, se estima que fueron pintadas hace unos 8.000 años, entre el Postpaleolítico y los inicios del Neolítico. Se pueden distinguir 27 arqueros, 4 figuras humanas, 2 huellas, 3 cabras, 1 bolsa, 3 arcos y flechas, 1 personaje particular, 1 antropo-zoomorfo, 1 jabalí, 1 cuadrúpedo y varios trazos indeterminados.

El 14 de agosto de 2018 pude disfrutarlas en persona después de apuntarme a una de las visitas guiadas que se organizan desde el Museu de la Pauma en Mas de Barberans.

Esta es la fotografía que hice del conjunto:


Fue realmente emocionante. Los trazos mejor conservados representan una escena de caza, en la que unos arqueros a la carrera persiguen una cabra salvaje.


Gracias a que fuimos con visita guiada y pudimos acercarnos a las pinturas, fuimos capaces de descubrir mil y un detalles, como pueden ser algunas plumas que adornan a los cazadores, flechas ensartadas en las presas… y una delicada sorpresa que se encuentra en el pequeño techo del abrigo y que sólo puede verse si uno se acerca a él: un cazador acechando a una pequeña cabra.


Aquí el detalle:


Sólo podemos imaginarnos qué pasaba por la mente de estos artistas primigenios.

Cuando me aproximé a contemplarlo me llamó la atención la belleza del trazo, la búsqueda del detalle, hasta el punto de dibujar unos finos cuernos... y lo que parece el ojo de la cabra, aunque esto último es muy probable que no de deba a la intención del artista, sino más bien a una degradación de la pintura. El arco curvo en una mano y en la otra una flecha. Las piernas del cazador en posición horizontal, dando una marcada sensación de velocidad y esfuerzo. También reparé en la diferencia de tamaño entre cabra y cazador, lo que me llevó a preguntarme si con ello, quien pinto la escena, quería mostrar que ambos se encontraban a gran distancia, o deseaba mostrar algún rito de iniciación donde un joven cazaba su primera pieza dejando atrás su niñez pasando a la edad adulta… o sencillamente, le salió de esta manera.


Sea como sea, sentado en las grandes piedras que se encuentran bajo el abrigo pintado, no he podido evitar evocar la vida de estos antepasados míos que pisaron la misma tierra que yo, que andaban por las mismas zonas que suelo frecuentar yo cada vez que voy a mi pueblo, que intentaban sobrevivir al duro día a día, como hacemos todos nosotros, y que eran conscientes de su existencia y sentimiento de comunidad.


Por la noche, ya en casa, seguía dándole vueltas a mi cabeza imaginando la vida que debieron tener mis antepasados hace 8.000 años y teniendo flashes de las diferentes pinturas que nos legaron. Y entonces, después de cenar, levanté los ojos al negro cielo nocturno tachonado de estrellas donde Marte y Saturno flanqueaban la constelación de Sagittarius (El Arquero).

No soy cazador, pero involuntariamente, me he sentido unido a los que estaban representados en las pinturas del Cocó de la Gralla.