lunes, 14 de agosto de 2017

Mi primera fotografía de una Perseida

Sin duda, se necesita una gran dosis de suerte para conseguir una fotografía como la que hice la madrugada del 13 de agosto de 2017. Lo más probable es que no vuelva a repetir algo así en toda mi vida.


Estaba recogiendo todos los trastos después de una agradable noche de observación y decidí no dejar la cámara ociosa. Así que la monté en el trípode y apunté hacia la constelación de Orión, que empezaba a asomar por el horizonte, y que se encontraba acompañada por un brillante y llamativo Venus.

Durante la noche había podido ver seis o siete meteoros surcando el cielo mientras observaba, lo que resulta un gran éxito para mí, ya que no suelo tener mucha suerte con la lluvia de estrellas de las Perseidas. Lo habitual es que mientras yo estoy mirando hacia un lado, la estrella fugaz aparezca por el otro.

Pero al final, después de muchos años intentándolo, conseguí pillar mi primera Lágrima de San Lorenzo. Un excelente colofón a una agradable noche.

Las Perseidas son una lluvia de meteoros que podemos contemplar desde el 17 de julio al 24 de agosto, siendo su máximo alrededor del 11 y el 13 de agosto. La razón por la que podemos verlas de forma regular es la presencia del cometa 109P/Swift-Tuttle. Cuando la Tierra en su órbita alrededor del Sol se desplaza por la zona donde previamente ha pasado el cometa, los restos dejados por el 109P/Swift-Tuttle que son atraídos por la gravedad terrestre y entran en contacto con nuestra atmósfera, dejan una estela brillante que siempre nos llama especialmente la atención.

Ya no pido deseos cada vez que veo alguna, pero después de ver y captar la de la fotografía, volví por unos instantes a la ilusión que tenía cuando las observaba de pequeño.

sábado, 12 de agosto de 2017

M26 - Cúmulo Abierto en Scutum con el SC de 235mm en una mala noche

¿Qué es lo que motiva a un astrónomo aficionado mirar por su telescopio aguantando rachas de viento de 60 km/h, una brillante Luna iluminada prácticamente en el 90% de su superficie y unas estrellas que por momentos se asemejan más a pelotas de golf temblorosas? Fácil, varios meses de sequía observacional.

Así me encontré yo la noche del 10 de agosto de 2017.

Después de tres meses sin poder sacar el telescopio por varios motivos, no me importaron tanto los inconvenientes con los que me topé, como las ganas que tenía de volver a disfrutar de una noche bajo las estrellas.

Eché un vistazo a Saturno, a M57, a M31, a M17… en todo momento condicionado por la luz de la Luna y las terribles turbulencias provocadas por el viento. No quería apuntar a ningún objeto nuevo, ya que era consciente que no podría exprimirlo al máximo y entonces recordé que tenía pendiente dibujar M26, un cúmulo abierto localizado en Scutum, observándolo con mi SC de 235mm.

Me dirigí a él, puse el ojo en el ocular y lo que vi, a pesar de ser consciente de que no era la vista mejor que podía obtener, me invitó a sacar el lápiz y puntear las estrellas que apreciaba de manera más o menos cómoda.



A M26 tuve la ocasión de observarlo con mi SC de 127mm. A decir verdad en un primer momento me resultó algo decepcionante, pero a medida que fui adaptando la vista a la oscuridad me quedó esa sensación de que con mayor abertura podría ofrecer mucho más. Con el SC de 235mm, después de un buen rato lidiando con todo tipo de inconvenientes, al final llego a la misma conclusión.

Con todo, mentiría si dijera que no mejora ostensiblemente con esta abertura, y eso a pesar de la mala noche.

En un primer momento, con el ocular de 25mm (94x)la distintiva naturaleza de cúmulo abierto queda bien definida en el campo que puedo observar.

Pongo el ocular Nagler de 16mm (146x).

Cuatro estrellas blanco-azuladas que se encuentran envueltas por un buen número de puntitos parpadeantes que resulta muy llamativo.  Como he comentado antes, en el dibujo sólo plasmé las más evidentes. En visual la sensación que se tiene es que juegas al gato y al ratón con un buen número de estrellas extremadamente débiles.

Es cierto que no se puede considerar un cúmulo de componente brillantes, pero el número de estrellas que lo forman compensa un poco esta carencia. En definitiva, un exigente cúmulo abierto que ofrece muchas posibilidades bajo condiciones de observación adecuadas.

Carta generada con Cartes du Ciel

viernes, 21 de julio de 2017

STF1932AB – Un buen reto en Corona Borealis

Tal vez las estrellas dobles que más me gusta observar son aquellas que poseen dos componentes gemelas y cercanas entre sí. Siempre me han recordado a los ojos de un peligroso felino que estuviera acechándome en la oscuridad.

Como puede verse, en mi caso por lo menos, la observación astronómica no está reñida con la imaginación.

Sin embargo, ese efecto se pierde si las dos componentes se encuentran demasiado próximas. Pero lo que es un inconveniente en este sentido, es una gran ventaja a la hora de desdoblar pares muy cerrados. El hecho de tener magnitudes idénticas o similares nos permite separarlas sin tanta exigencia como la que tendríamos si fueran de brillo excesivamente contrastado.

En la peculiar y fácilmente identificable constelación de Corona Borealis podemos encontrar una doble exigente, pero asequible gracias a sus componentes gemelas. Se trata de STF1932AB, un bonito reto para pequeños y medianos telescopios.

Carta generada con Cartes du Ciel
Sinceramente, cuando la observé por primera vez con mi SC de 127mm el 21 de junio de 2010, no esperaba que fuera tan “fácil”. Lo que demuestra que los retos son menos complicados cuando nos encontramos ante una buena noche como la que disfruté en su día.

Localicé la estrella a 50x y conociendo la crítica la separación de sus componentes (1,6”), puse sin contemplaciones el ocular de 7,5mm (166x). Y comprobé con sorpresa que ya podía distinguir dos soles gemelos, puntuales,  perfectamente separados y ambos con un color blanquecino. La palabra que me vino a la cabeza fue: Serenidad.


Estuve un buen rato disfrutando de la vista, dejándome llevar por la belleza de este par tan apretado.

Apostaría que en una noche con más turbulencia hubiera tenido serias dificultades con ella, pero esa noche fue fantástica.

Situada a una distancia de unos 117 años luz de distancia, sus componentes A y B completan una órbita en unos 203 años. Ambas presenta una clase espectral F6V y la principal, es así mismo una doble que aparece catalogada como CHR 45. Imposible en visual, pero que sirve para volver a hacer volar mi imaginación cada vez que la observo.