viernes, 22 de abril de 2011

M101 - Galaxia del Molinillo en Ursa Major

Si hay un objeto al que intentaba observar una y otra vez, y una y otra vez fracasaba estrepitosamente, ese ha sido M101, hasta el punto de convertirse para mi en una galaxia “maldita”.

Cuando empecé a planificar mis observaciones vi que las estrellas y otros objetos de cielo profundo solían acompañarse por un número, el cual designaba su magnitud. Por aquél entonces pensaba, erróneamente, que una galaxia como M101, a la que se le asignaba una magnitud de 8,3, sería tan fácil de observar como una estrella de la misma magnitud.

Para no cometer mi mismo error sería bueno comprender un poco la terminología que se emplea a la hora de estimar el brillo de los objetos celestes.

Por un lado nos encontramos con la Magnitud Aparente o Visual (mv), que es el brillo de un cuerpo celeste según la intensidad con la que lo percibimos como observadores terrestres.

La escala que se utiliza para plasmar en número este brillo es una adaptación del sistema que ideó Hiparco en el siglo II a.C. Este astrónomo griego, director de la Biblioteca de alejandría, asignó la 1ª magnitud a las estrellas más brillantes que podía observar a simple vista, mientras que a las más débiles las consideraba de la 6ª magnitud. Así, llegó a clasificar cerca de un millar de estrellas agrupándolas según las estimara de magnitud 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, 5ª ó 6ª.

En la actualidad, el sistema toma como estrella de referencia la Alpha Lyrae (Vega), a la que se le asigna una magnitud de 0,0 y con una base matemática, cada magnitud se diferencia de la siguiente por un factor de 2,512. Para que nos hagamos una idea, una estrella de 1ª magnitud es 100 veces más brillante que una de la 6ª. Aunque no acabemos de comprender completamente el concepto en un principio, lo que importa realmente es que nos quedemos con la idea de que a menor magnitud, más brillo; y a mayor magnitud, más débil veremos el cuerpo celeste.

La Magnitud Aparente, en consecuencia, es un dato muy útil para nosotros, los astrónomos aficionados. Sin embargo, los astrónomos profesionales, utilizan preferiblemente otro tipo de referencia: la Magnitud Absoluta (Mv), que se refiere al brillo aparente que tendría el cuerpo celeste en cuestión, si se encontrara a una distancia de 10 pársecs (32,6 años luz). De esta manera, se puede comparar directamente la luminosidad propia de cada objeto sin el condicionante de la distancia a la que se encuentra.

Y llegados a este punto, vamos a introducir el concepto de Magnitud Integrada, concepto que me debió pasar por alto en mis primeros tiempos de introducción a la observación astronómica y que de haberlo tenido asimilado, me hubiera evitado muchos quebraderos de cabeza y desilusiones... como fue el caso de M101.

La Magnitud Integrada se aplica a galaxias, cúmulos y nebulosas, y tiene en cuenta el brillo conjunto del cuerpo celeste si éste se encontrara concentrado en un punto.

Concepto importante, ya que si vemos, por ejemplo, que M82, la Galaxia del “Cigarro” en Ursa Major, tiene una magnitud de 9,4; y M101, galaxia también en la misma constelación, pero con magnitud 8,8; podemos llegar fácilmente a la conclusión que M101 es más fácil de observar que no M82 debido a su mayor brillo. Craso error, ya que debemos tener en cuenta otro aspecto fundamental, que no es otro que la superficie de cielo que ocupa una y otra.

El brillo de magnitud 8,8 de M101 se encuentra diseminado a lo largo de una extensión celeste de 14’x21’ proporcionando una visión más difusa y ténue que no el brillo de magnitud 9,4 de M82 que abarca tan sólo 7’x3’. Haced la prueba con vuestros instrumentos si tenéis ocasión y lo entenderéis enseguida... tal como me pasó a mi.

Otro concepto relacionado es el de Brillo Superficial, que es utilizado expresamente para indicar el brillo aparente de objetos de cuerpos celestes extensos. El brillo superficial se suele dar en magnitud/arcseg2, pero lamentablemente, a nivel de aficionado no es muy común encontrar este dato.

Intenté muchas veces observar M101. Con prismáticos, con telescopio, en Luna Nueva, en noches con un “seeing” excepcional, adaptando excepcionalmente la vista a la oscuridad, utilizando la visión lateral... y nada. No era capaz ni de intuirla. Veía perfectamente M82, pero de M101, ni rastro.

Al final llegué a la triste conclusión que el gran problema era la contaminación lumínica de mi lugar de observación habitual. Triste, pero real como la vida misma. Así que el pasado 1 de abril, decidido a dar caza de una vez por todas a esta esquiva galaxia, fui a observar desde un lugar realmente oscuro, de tal manera, que pensé que si no era capaz de verla entonces, me convencería definitivamente que la existencia de M101 no era otra cosa que un mito...

Pero fue plantar el telescopio, apuntar al lugar donde debía encontrarse la galaxia y saltar de alegría al ver, ya en un primer vistazo, la presencia de una manchita difusa.

Este fue el dibujo que hice después de estar un buen rato observando y adaptando la vista a la oscuridad:

Utilicé el ocular Hyperion Aspheric de 31mm, que acoplado a mi SC de 127mm, proporcionaba un campo generoso y unos 40x. Llevaba un buen rato observando otros objetos, por lo que ya tenía la vista con un buen grado de adaptación a la oscuridad. Gracias a ello, como he comentado, fue poner el ojo en el ocular y notar su núcleo brillante.

Me puse realmente contento y noté una sensación de felicidad reservada a sesiones de observación realmente excepcionales. Como la noche que vi mi primer objeto a través de un telescopio (Marte), la primera vez que apunté a la Luna, Saturno y sus anillos, Júpiter y sus lunas, la galaxia de Andrómeda, el estallido del cometa Holmes 17P, Almach, la Supernova SN2011B...

Fijándome un poco en el conjunto, me dio la sensación que las estrellas más brillantes que aparecen en el campo del ocular rodeaban de forma reverencial a M101.

A medida que voy adaptando mejor la vista y miro de reojo, el centro galáctico se va viendo de forma más evidente, y poco a poco, ante mi, la galaxia va aumentando de tamaño... impresionante. Finalmente, fijándome mucho, consigo notar ciertas zonas con claroscuros.

A ver si puedo explicarlo, no es que vea la galaxia tal como aparece en fotografías, sino más bien son zonas que aparecen y desaparecen a mis ojos, que deben ser, sin duda, las zonas más brillantes de los brazos galácticos.

Un monstruo de galaxia espiral, M101, también conocida como galaxia del Molinillo, presenta un diámetro de 184.000 años luz, que casi dobla el de nuestra Vía Láctea. Se encuentra situada a unos 25 millones de años luz de distancia y fue descubierta en 1781 por Méchain.

Muy complicada, por no decir imposible, para cielos que sufran cierta contaminación lumínica y en noches con presencia de Luna. Sin embargo, el rato que pasé con ella la noche del 1 de abril de 2011, compensa con creces todos los sinsabores de las muchas noches que intenté sin éxito su observación.

Supongo que utilizando un telescopio de mayor abertura será otra historia...

4 comentarios:

  1. Hola Oscar, el viernes pasado día 6 pude conseguir por fin observar esta Galaxia, han sido muchas las noches de observación que por diversas circunstancia no lo había conseguido, gracias a las buenísimas condiciones del cielo la he tachado de la lista.
    Coincido contigo, es muy difusa a pesar de su tamaño, por ese motivo la deje para el final de la observación.

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    1. Gracias por el comentario Paco,

      Cuando podemos observar objetos que se nos han resistido durante mucho tiempo uno los disfruta mucho más :)

      Tengo pendiente volver a ella con el SC de 235mm, pero el tiempo no acompaña y van pasando las lunas nuevas...

      Saludos

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  2. Gracias, ello me anima ha seguir intentándolo

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    1. Gracias Javier por el comentario. La he podido ver otras veces, y la verdad es que lo mejor para ello es observarla desde cielos oscuros. Cuando puedas con ella vas a disfrutarla proporcionalmente a lo que te haya costado cazarla :)

      Saludos.

      Óscar

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