viernes, 9 de octubre de 2015

Clavius

Muchas veces he comentado que la Luna es el objeto más agradecido al que nos enfrentamos los astrónomos aficionados. Sea cual sea el instrumento con la que la observemos, siempre tiene algo interesante que ofrecernos.

En la novena noche de lunación tenemos mucho donde elegir. Mare Imbrium, Helicon, Le Verrier, Timocharis, Lambert, Pytheas, Copernicus, Montes Carpatus, Reinhold, Mare Cognitum, Montes Riphaeus, Fra Mauro, Bullialdus, Longomontanus, Moretus…

Pero si hay un cráter asequible al que podemos recurrir aunque nuestro telescopio no tenga demasiada abertura, o la estabilidad atmosférica no sea todo lo favorable que desearíamos, ese es Clavius.

Clavius es un cráter muy antiguo, nada menos que su formación se remonta a unos 3.920 millones de años atrás, durante el periodo nectárico, y viendo su extensión, unos 225 km de diámetro, podemos llegar a imaginarnos el tamaño del objeto que colisionó con la superficie lunar y la devastación que llegó a provocar. Y a pesar de todo ello, Clavius mantiene un aspecto envidiable teniendo en cuenta su edad.

Virtual Moon Atlas
Muchas son las veces que lo he observado, y él fue el protagonista de uno de mis primeros dibujos lunares allá por el 2010 (http://laorilladelcosmos.blogspot.com.es/2010/07/clavius-4-billones-de-anos-desde-su.html). La noche del 26 de junio de 2015 monté mi SC de 127mm en el balcón de mi casa en Barcelona, y decidí dedicarle un poco de tiempo sin demasiadas complicaciones.

Este es el dibujo que acabé haciendo de él:



Me hubiera gustado ir observándolo a medida que el terminador hubiera ido avanzando a través de él, pero hoy por hoy me resulta complicado planificar mis observaciones lunares, así que tengo que conformarme con lo que me encuentro cuando tengo ocasión de plantar el telescopio.

Pero a pesar de no ser lo que esperaba, la vista de Clavius es soberbia, no en vano, es el tercer cráter más grande que podemos ver desde la Tierra. (Bailly con 287 km de diámetro y Deslandres, con 256 km son los mayores).

El Sol baña por completo el cráter, aunque es cierto que todavía aparecen algunas sombras en la zona oeste de sus paredes y en los cráteres que se encuentran esparcidos por su interior. Gracias a ello, conserva una bonita sensación de relieve.

En cuanto a esto, me llama la atención lo extensas y marcadas que veo las sombras de los cráteres interiores respecto a un aspecto más comedido que presentan las que emanan de las paredes del propio Clavius; lo que me sugiere que éstas no deben ser más altas que las de los cráteres que comento.

Es un rápido pensamiento al que no le doy más importancia hasta que más tarde leo que Charles E. Wood en su libro “The Modern Moon” indica que “Clavius is so large that the curvature of the Moon causes the center of its floor to be noticeably higher than the edges” (Clavius es tan grande que la curvatura de la Luna provoca que el centro de su fondo sea perceptiblemente más alto que sus bordes”.

Sin duda, como comentaba antes, ver pasar el terminador a lo largo de Clavius debe ser excepcional. La sensación de ver el centro del cráter iluminada mientras su contorno se mantiene entre la oscuridad de la sombra siempre me ha gustado.

De todas maneras, lo que más atrae mi atención es la disposición de media luna que ofrecen siete de los cráteres que podemos encontrar en el fondo de Clavius, y no es tan sólo su curiosa disposición, sino que además parecen seguir un orden de mayor a menor empezando por Rutherford, cabalgando destructoramente sobre la pared Sur de Clavius y que presenta un diámetro de 55 km, hasta Clavius K, de 20 km.

En un momento de excitación de mi imaginación llego a pensar que esta sucesión de cráteres me sugiere a una gallina seguida por sus polluelos.

Rutherford se presenta ciertamente atractivo, con su pared oeste proyectando una sombra hacia el pico central que, a su vez, dirige la suya propia hacia el Este.

Y como si de un cráter gemelo se tratara, situado simétricamente, veo sobre la pared Norte de Clavius a Porter (53 km). Pero fijándome un poco veo que el parecido es sólo a primera vista. Porter muestra una sombra algo más marcada que Rutherford y en su centro se aprecia dos picos bien diferenciados.

Con el SC de 127mm percibo varios cratercillos más distribuidos por el fondo de Clavius, aunque para ser sincero, su apreciación no me resulta fácil. Me dejo pendiente su observación con el SC de 235mm a ver cuántos cratercillos puedo cazar de manera cómoda.

Y termino observando a su lado los cráteres Blancanus y Scheiner.

Blancanus, con un diámetro de 106 km me ofrece una vista magnífica. Un tenue pico central bañado completamente por los rayos solares contrasta con la negra sombra proyectada por su imponente pared Oeste. Mientras que en la pared Este puedo apreciar unas terrazas que se elevan hasta unos 4.000 m.

Scheiner, de 111 km de diámetro se presenta en cambio esta noche con un fondo negro, con unas paredes iluminadas y esperando la llegada de la luz solar que no puede tardar mucho.

Y aquí decido acabar el dibujo, que no quiere decir que no continuara disfrutando del terminador lunar que tantos atractivos me ofrecía esa noche. Aunque tengo que reconocer que la estrella del momento fue el impresionante Clavius.

Y tampoco quise dejar pasar la ocasión de tomar una foto de familia en la que se encuentra Tycho, Clavius, Longomontanus, Wilhelm, Maginus, Blancanus, Scheiner y Gruemberger:


miércoles, 7 de octubre de 2015

Algol (Beta Persei) - Un fracaso del que se aprende

Una de las grandes ventajas de la astronomía es la gran variedad de alicientes que nos presenta a los aficionados, y uno de ellos es contemplar las fluctuaciones de brillo que nos ofrecen las estrellas variables.

De entre todas las clases que nos podemos encontrar, las eclipsantes son, por lo general, las más asequibles para los que no estamos acostumbrados a este tipo de objetos.

Y si existe una variable eclipsante ideal para empezar a disfrutar con ellas, no es otra que Beta Persei (Algol), que pasa de una magnitud de 2,1 a una de 3,4 en un periodo regular de 2 días, 20 horas y 49 minutos, lo que nos permite efectuar su seguimiento fácilmente.

Carta generada con Cartes du Ciel

Beta Persei es un sistema triple que se encuentra a una distancia de 93 años luz. Está formado por una estrella principal de tipo espectral B8V que mide unos 3,5 millones de km de diámetro y una secundaria de tipo K0IV de 30 millones de km de diámetro.

El brillo de Algol B es mucho menos intenso que el de la principal, lo que permite que al pasar justo delante de ella, y gracias a que la Tierra se encuentra en su mismo plano orbital, la luz que nos llega de este sistema estelar decrezca en 1,3 magnitudes.



Llegados a este punto nos encontramos con lo que se ha dado en llamar la Paradoja de Algol.

Lo habitual en la evolución estelar es que cuanto más masiva sea una estrella, más rápidamente avanza por las diferentes etapas de su ciclo vital. Sin embargo, en el sistema de Algol nos encontramos que la estrella menos masiva, Algol B, ha alcanzado ya la categoría de sub-gigante, mientras que la más masiva, Algol A, todavía se encuentra en la secuencia principal de su evolución.

En teoría, las estrellas que forman un sistema binario han debido formarse más o menos en el mismo momento, por lo que se supondría que la estrella más masiva debería encontrarse en un estado de evolución más avanzado, cosa que no ocurre con Algol y algunos sistemas similares.

La explicación que se ofrece para resolver esta paradoja se basa en la transferencia de masa que se pueda dar entre las dos componentes. En el caso de Algol, cuando la estrella más masiva se convirtió en sub-gigante, llenó su lóbulo de Roche, y la mayor parte de su masa fue transferida a la otra estrella, que todavía se encuentra en su secuencia principal.

De ahí que durante los eclipses notemos la gran diferencia de brillo que se produce. Si esto no fuera así, según indica José Luis Comellas en su “Guía del Firmamento”, la variación que observaríamos sería de tan sólo 0,75 magnitudes.

El mínimo sólo dura unos 6 minutos, pero la magnitud de la principal empieza a disminuir cuatro horas antes, y hasta cuatro horas después de este mínimo no vuelve a brillar con su magnitud habitual.

Algol A y Algol B se encuentran separadas por tan sólo 0,062 UA, mientras que la tercera componente, Algol C, permanece a una distancia media de estas dos estrellas de 2,69 UA siendo su periodo orbital de 681 días. Algol C presenta una clase espectral de A5V.

Esta variación de brillo es tan obvia, que incluso se ha planteado que los antiguos egipcios ya fueron capaces de hacer un seguimiento de su periodo:

“Did the ancient Egyptians record the period of the eclipsing binary Algol – The raging one?”

Por lo que nosotros no deberíamos tener ninguna dificultad de seguir esta variación de magnitud ayudados por unos sencillos prismáticos.

O eso pensé yo.

Aquí empieza el relato de mi fracaso observacional del 25 de septiembre de 2015.

Para esa noche había visto en el generador de efemérides de la página de Sky & Telescope – (Hay que registrarse para acceder a ella) preveía un mínimo a las 22h 10m T.U.

Sky & Telescope

Así que con esta previsión me planteé hacer un seguimiento durante todo el proceso de descenso, mínimo y recuperación de brillo de Algol.

La idea era utilizar mis prismáticos 10x50 para ayudarme a realizar estimaciones de brillo en base al método de Argelander, que ya expliqué en la entrada que hice sobre Beta Lyrae, y hacer algunas fotos con mi Nikon D5100 y el objetivo 18-70mm para mostrar las diferencias de brillo que se dieran en relación a las otras estrellas de la zona.

Me preparé una carta celeste de la zona de Perseus-Andromeda y lo dejé todo a punto para la noche.

Una noche que empieza torcida. El cielo se encuentra completamente infestado por cirros que entelan su visión. Por suerte, no la anulan por completo, así que a pesar del problema decido seguir adelante.

Para colmo de males, el trabajo en la oficina se prolonga más de lo habitual y no puedo ponerme a observar hasta las 20h 15m T.U., con lo que es llegar y ponerme en marcha sin darme el mínimo respiro.

El panorama es desalentador, ya que Perseus está empezando a elevarse por el horizonte Este, precisamente en la zona donde los cirros se muestran más compactos.

Un ejemplo de lo que digo es esta foto tomada a las 20h 46m T.U.:



Cojo los prismáticos y apunto a Mirfak, la Alpha Persei, que a pesar de los imponderables se muestra, como siempre, espléndida con los 10x50.

Localizo sin problemas a Almach (mag. 2,1), la Gamma Andromedae, que será una de las estrellas de comparación, y cuando voy a buscar Algol y Epsilon Persei, la otra estrella de comparación que brilla con una magnitud de 2,9, compruebo que estoy un poco despistado y no acabo de confirmar que son las que me pienso que son.

Llegados a este punto, me atrevo a dar un consejo. Si nuestra intención es hacer el seguimiento de Algol en su mínimo, no estaría de más que previamente, en cualquier otra noche, nos dediquemos sin ningún tipo de presión añadida y con una carta estelar bajo el brazo, a familiarizarnos con la zona en cuestión.

Con Algol no he tenido excesivas dificultades, ya que es la más brillante de un trapecio formado por ella misma, la anaranjada  y variable Rho Persei (Gorgonea Tertia) de magnitud 3,4,  Pi Persei (Gorgonea Secunda) de 4,7 y Omega Persei (Gorgonea Quarta) de 4,6.

Carta generada con Cartes du Ciel

Sin embargo, con Epsilon Persei, por culpa de los cirros y de la Luna que brilla iluminada en el 93% de su superficie, y por qué no decirlo, de mi propia incompetencia, primero la he confundido con Nu Persei. Por suerte, me he dado cuenta del error a la tercera estimación de brillo que realizaba.

Intento realizar estimaciones cada 15 minutos, pero hacia las 21h 15m T.U. la zona se encuentra completamente cubierta por nubes espesas, y me hace temer que, ya no sólo no pueda realizar el seguimiento completo, sino que me pierda incluso la hora del mínimo.

La turbulencia de la atmósfera está muy contenida, hasta las estelas de los aviones que cruzan el cielo se mantienen durante largo rato bien marcadas, lo que no me hace albergar unas expectativas demasiado optimistas.

Al final llega la hora que tengo marcada como mínimo y, dentro del desastre, todavía tengo suerte de poder sacar algo:



Con los prismáticos en ristre veo que existe una gran diferencia de brillo entre Almach y Algol, pero delante de mi perplejidad, la noto un poco más brillante que Epsilon Persei, e incluso más que Rho Persei.

Mucho me temo que la densidad de los cirros me está jugando una mala pasada a la hora de hacer estimaciones de brillo comparando estrellas, pero más tarde, compruebo algo que me deja un poco desconcertado.

Comparando las previsiones del mínimo que generó la página web de Sky & Telescope con las que ofrece la AAVSO (Clicar en “Ephemeris”) veo que no coinciden con una diferencia aproximada de dos horas. ¿Es posible que cuando yo esperaba ver el mínimo todavía faltaran dos horas para que se produjera?

Investigando sobre este aspecto, vital a la hora de planificarse la observación, veo que en la edición impresa de S&T, las previsiones del mínimo de Algol se acercan a las ofrecidas por la AAVSO y difieren de las que obtengo de la página web de S&T.

Alguna cosa hago mal, o hay algún conflicto de configuración con mi ordenador, o el generador web de S&T no funciona correctamente. Sea como sea, para futuras planificaciones me basaré en los datos ofrecidos por la AAVSO, en T.U. o en esta otra página que ofrece los datos con la hora local tomada del ordenador:

http://www.as.up.krakow.pl/minicalc/PERBETA.HTM

Por suerte, el cielo ha ido despejando lentamente y he conseguido tomar una fotografía  hacia las 00h 13m T.U. (2015-09-26), que es cuando las efemérides de la AAVSO indicaban que se produciría el mínimo, y mirando un poco con atención, diría que, efectivamente, en estos momentos se estaba produciendo el eclipse estelar de Algol:





Pero todavía el destino me tiene preparada una sorpresa, ya con todo recogido, a punto de irme a dormir, hecho un último vistazo y me encuentro con esto, una bonita manera que tiene el cielo de despedirse después de lo que me ha hecho pasar:



En definitiva, la noche ha resultado un fracaso si tenemos en cuenta las expectativas que me había hecho en un principio, pero de todo se aprende, y esta vez las lecciones que he sacado han sido provechosas.

Como conclusión he visto que debo:

1- Planificar bien el mínimo de Algol – utilizando los siguientes recursos:
https://www.aavso.org/vsx/index.php?view=detail.top&oid=26202
http://www.as.up.krakow.pl/minicalc/PERBETA.HTM

2- Elaborar un Excel que me automatice las estimaciones de brillo en base al método de Argelander y que me gustaría compartir con vosotros por si os puede ser útil y que puede adaptarse a otras variables:
https://www.dropbox.com/s/8slit27zccmkkap/Seguiment%20Algol-La%20Orilla%20del%20Cosmos.xls?dl=0

3- Preparar una carta celeste que me permita orientarme bien por la zona. En este caso de Algol, he utilizado la carta nº 2 del “Mag-7 Star Atlas Project” de Andrew L. Johnson y que ya he incluido en el Excel de arriba:
http://www.astro.cz/mirror/atlas/

4- Esperar a una noche despejada, y a ser posible sin Luna.

5- Empezar a hacer estimaciones de brillo, cada 15 minutos desde cuatro, tres o dos horas antes del mínimo hasta cuatro, tres o dos horas después, lo máximo que podamos, para luego intentar obtener una curva de luz lo más fiel posible a la realidad.

6- Y para cuando tenga más experiencia, intentar tomar fotografías con la ayuda del telescopio para posteriormente, ayudado por ellas y por el excelente programa de Julio Castellano, FotoDif (http://www.astrosurf.com/orodeno/fotodif/index.htm), elaborar una gráfica, digamos, más profesional.

Espero que mi noche fracasada sea de provecho para otros aficionados que deseen cazar los guiños de Algol, y si hay alguna sugerencia, bienvenida sea.

viernes, 2 de octubre de 2015

NGC6726-NGC6727-NGC6729-IC4812-Be157 - Nebulosas en Corona Australis

El 16 de agosto de 2014 estuve observando NGC6723, un bonito cúmulo globular en la constelación de Sagittarius, que resultó un poco complicado debido a que no se elevaba demasiado respecto al horizonte.

Quedé muy satisfecho con la experiencia, pero buscando información acerca de él, descubrí que por su zona, ya en la constelación de Corona Australis, podía disfrutar de una serie de nebulosas que parecían prometedoras a nivel visual. Me refiero a Be157, NGC6726, NGC6727, NGC6729 e IC4812.

Carta generada con Cartes du Ciel

Carta generada con Cartes du Ciel

La noche del 10 de agosto de 2015 apunté el telescopio hacia NGC6726 y compañía, y me dispuse a escrutarla con tranquilidad a ver qué podía cazar.

Sin Luna, cielos oscuros, el SC de 235mm, cielo transparente, diáfano, con turbulencias atmosféricas mínimas, una Vía Láctea alzándose hacia el zenit perfectamente distinguible, en definitiva, una de aquellas noches a lo largo del año que pueden contarse con el dedo de una mano.

Y con todo, tuve que esforzarme para exprimir al máximo las nebulosidades de la zona.

Primero fui a visitar a un antiguo amigo, el cúmulo globular NGC6723, y después de estar un buen rato adaptando la vista a la oscuridad, puedo volver a reconocer su forma irregular y un crepitar estelar que no me costó reconocer tanto como en la primera vez que lo observé.

De todas formas, mi objetivo esta noche no era el globular, sino las nebulosidades de la zona.



Justo poner el ojo en el ocular compruebo que estoy ante un campo estelar bastante pobre, y recuerdo que por la zona se encuentra la nebulosa oscura DN Be157.

Esta extensa nube de polvo que oscurece el cielo que vemos entre Gamma CrA y Epsilon CrA fue descubierta el 30 de julio de 1826 por James Dunlop, que la catalogó como D559, pero actualmente, curiosamente, se la conoce como Be157.

Originalmente Be157 hacía sólo referencia a la pequeña nebulosa de reflexión que envuelve la variable V709 CrA, con una extensión de 1’, pero con el tiempo ha acabado convirtiéndose en el identificador de lo que es la nebulosa oscura.

Es posible que haya sido debido a que su descubridor, Claes Bernes, la posicionó erróneamente en su “A Catalogue of Bright Nebulosities in Opaque Dust Clouds”, (C. Bernes, 1977), con un error de unos 2’

Para poder percibirla bien, es mejor un pequeño telescopio que dé unos campos amplios, así puede contrastarse con el rico campo estelar que la envuelve. Por mi parte, esta noche con el SC de 235mm, lo único que puedo notar es la ausencia de estrellas en el campo del ocular que he comentado antes.

Lo que sí se aprecia en el campo del Nagler de 16mm (33’) es un romboide formado en la parte superior por BSO 14AB, una doble formada por dos componentes de tonalidad blanquecina y prácticamente gemelas (mag. 6,3/6,6). Su desdoblamiento es muy cómodo gracias a los 13,1” que las separan.

Alrededor de esta doble, en principio, podríamos ver la nebulosa catalogada como IC4812, pero por más que lo intento, soy incapaz de notar nada de ella. Me quedo con la bonita vista de BSO 14.

La parte central del romboide la constituyen dos débiles estrellas, alrededor de la mag. 13; mientras que en la parte inferior aparecen con fuerza HIP93425 y TY CrA, las dos estrellas que excitan la zona nebulosa catalogada como NGC6726 y NGC6727 respectivamente.

Voy adaptando la vista lo mejor que puedo a la oscuridad, lo que me sirve para confirmar la ausencia de estrellas en la zona y para empezar a percibir de manera clara las nebulosas de la zona.

La más marcada es NGC6726, que se encuentra iluminada por la estrella HIP93425, que brilla con una magnitud de 7,2 y se halla a una distancia de unos 444 años luz de distancia. Su forma es ovalada, con límites no demasiado definidos, y con HIP93425 en su centro.

NGC6727 se percibe justo debajo de ella, en el dibujo, iluminada por una estrella variable eclipsante, la TY CrA, que cada 2,89 días pasa de su magnitud habitual de 9,4 a la 9,8 en el mínimo del eclipse provocado por su compañera.

Según Michael E. Bakich, en su libro “1.001 Celestial Wonders to see before you die”, el rango de magnitud en el que se mueve se encuentra entre la magnitud 8,8 y la 12,6.

Como curiosidad añadida, comentar que estas dos protagonistas se encuentran acompañadas por otras dos estrellas que forman el sistema cuádruple de TY CrA.

Carta de la AAVSO para TY CrA

Estas dos nebulosidades fueron descubiertas en 1861 por Johann Friedrich Julius Schmid y aunque están catalogadas con dos números diferentes del NGC, corresponden a una única nebulosa. De hecho, con la vista bien adaptada a la oscuridad, por momentos me da la sensación que NGC6726 y NGC6727 se tocan, pero para ser sincero, la mayor parte del tiempo que estoy con ellas las percibo separadas.

Mientras estoy luchando para intentar mejorar la visión de la nebulosa, percibo una manchita evanescente en la parte izquierda del ocular. Otra nebulosidad que no he visto hasta que he adaptado lo mejor posible la vista a la oscuridad.

Utilizando visión lateral y moviendo ligeramente el tubo, la puedo notar mejor.

Se trata de NC6729, también conocida como Caldwell 68. Esta nebulosa de emisión fue descubierta también por Schmidt en 1861 y se sitúa a unos 5’ al sureste de NGC6727.

Siguiendo con mi observación, tengo que reconocer que no me ha resultado fácil hacerme con esta nebulosa. Así como con NGC6726  y NGC6727 las estrellas causantes de su iluminación las pude percibir sin dificultad, no me ha ocurrido lo mismo con NGC6729.

Hasta que no me he concentrado por completo, no he sido capaz de ver un pequeño puntito luminoso en la parte izquierda de la nebulosa. Se trata de T CrA, una variable que oscila de la magnitud 11,7 y la 14,3. Y por mucho que me he esforzado, esto ha sido todo.

Carta de la AAVSO para T CrA

Y me he quedado un poco con la mosca detrás la oreja, ya que la estrella responsable del brillo de NGC6729 es la R CrA, otra variable que oscila de la magnitud 10,0 a la 14,4. Visto lo visto, entiendo que esta noche del 10 de agosto de 2015 esta estrella se encontraba cerca de su mínimo.

Un aliciente más para una futura visita a la zona.

Carta de la AAVSO para R CrA

Por más que me esfuerzo no puedo sacar más de la zona, pero he quedado muy contento con la experiencia. Añado para probar el filtro UHC, pero ante mi sorpresa, no me ha servido para mejorar la visión de todas estas nebulosas. Las he visto mucho mejor sin filtro que sin él.

Acabaré con una foto de Aladín Lite en la que he rotulado los objetos que he podido observar. Es realmente espectacular, y una pena no poder verla un poco más alta en el horizonte, seguro que ganaría mucho.

Aladin Lite
Una observación exigente, muy exigente, pero muy generosa a la hora de recompensar todos los esfuerzos que le dediquemos.