viernes, 21 de noviembre de 2014

Cuatro bonitas dobles en Cetus


Carta generada con Cartes du Ciel

El rey Cepheus estaba casado con Cassiopeia, cuya belleza era la envidia de todas las mujeres que la conocían. En esto no habría nada malo, a no ser por el engreimiento de la reina, que alardeaba de ello hasta el punto de considerarse más bonita que cualquier Nereida, las ninfas que simbolizaban todo lo bello y bueno del mar.

Poseidón, el dios del mar, enojado por tanta presunción, decidió castigar esta falta de humildad enviando un monstruo marino (Cetus) para que asolara las costas del reino.

Desesperados ante tanta desgracia, los reyes decidieron consultar el oráculo de Ammón quien les planteó que la única forma de aplacar la fiera era ofrecer en sacrifico a su hija Andrómeda.

Muy a su pesar, viendo que la propia Andrómeda quería inmolarse para evitar el injusto sufrimiento de sus súbditos, decidieron seguir las directrices del oráculo y la ataron a orillas del mar para que fuera devorada por Cetus.

Mientras estaba atada esperando su triste destino, fue vista por Perseus, el gran héroe griego, quien quedó perdidamente enamorado de ella.

Rápidamente se hizo cargo de la situación y le propuso al rey que si les libraba del temido monstruo marino, Andrómeda se convertiría en su esposa.

Perseus logró acabar con Cetus y liberar a la hija de Cassiopeia y Cepheus, que agradecidos, concedieron su mano al joven.

En esta época del año, después de montar el telescopio, mientras voy adaptando la vista a la oscuridad, me gusta levantar la mirada al cielo y reseguir las estrellas brillantes que forman las constelaciones de Cepheus, Cassiopeia, Andrómeda y Cetus; y recordar la historia mitológica que dio pie a su identificación.

Cetus es una constelación extensa e interesante a la que no he dedicado todo el tiempo que me hubiera gustado y que no me resulta especialmente fácil al no elevarse demasiado respecto al horizonte.

A pesar de ello, la noche del 9 de noviembre de 2013 pude sacarle un poco de partido observando cuatro bonitas y asequibles dobles que podemos encontrar en ella:


STF 80



Fácil de desdoblar, pero no demasiado brillante. A pesar de ello, con pocos aumentos y un ocular de campo amplio se encuentra acompañada por un grupo de cinco estrellas de magnitud similar que hace muy agradable su contemplación.

Pero lo mejor de STF80 es el color de sus componentes. La principal oro añejo, mientras que la secundaria se ha convertido en una incógnita para mí. En principio la vi de color azul marino un poco apagado, pero posteriormente he visto que su clase espectral es G y, en consecuencia, otros observadores la ven de color amarillo. Pero no hay unanimidad, así que lo mejor es visitarla y sacar uno mismo sus propias conclusiones. Una doble curiosa que bien merece que le dediquemos un rato de observación.


STFA3 (37 Cet)



Bonita, fácil y asequible. Ideal para todo tipo de telescopios. Una principal de color blanco acompañada por una secundaria muy digna de un azul celeste bien marcado.

Gracias a su generosa separación no he tenido que forzar aumentos, de manera que la turbulencia atmosférica de la noche no le ha afectado demasiado y he podido disfrutar de dos estrellas bien puntuales de colores atractivos. Bonita, muy bonita.


STF231 (66 Cet)



La principal la veo de color amarillo pálido, la secundaria azul celeste. Una buena pareja que gracias a su brillo y a la generosa separación entre sus componentes nos permite sin demasiados esfuerzos ni exigencias disfrutar de una doble de serena belleza.


STF274



Buen ejemplo de lo que son mis dobles preferidas. Pareja de gemelas con separación próxima, pero confortable.

A 50x ya se desdobla sin ninguna dificultad en dos puntos bien marcados de un color azul muy digno. Podría forzar más aumentos, pero perdería encanto, de manera que prefiero pasar el rato que dedico a esta doble aprovechando lo espectacular que se ve a 50x. Una de las mejores de la constelación.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Theophilus, Cyrillus, Catharina y Rupes Altai

Cuando observamos desde un lugar con contaminación lumínica, la mayoría de noches debemos centrar nuestra atención en la Luna. Y suerte tenemos de nuestro satélite, que nunca decepciona sea cual sea el instrumento que apuntemos hacia él.

La noche del 29 de octubre de 2014 me encontraba en Barcelona y después de cenar me vinieron ganas de echar un vistazo al cielo. Salí al balcón y vi que enfrente mismo brillaba una Luna iluminada en el 36% de su superficie y que se encontraba prácticamente en su sexto día de lunación.

Pero lo mejor es que había muy buena estabilidad atmosférica, algo bastante infrecuente. De manera que al final me animé y monté el Nexstar 5i de 127mm, me puse cómodo y apunté hacia la Luna.

Empecé con el ocular de 25mm que me ofrece 50x y que me permite abarcar la totalidad del satélite. Me fijé en el terminador y lo primero que me llamó la atención fue el impresionante trío de cráteres formado por Theophilus, Cyrillus y Catharina.

Eso acabó de animarme, ya que hacía tiempo que quería dibujarlos y por una u otra razón no había podido hacerlo. Así que cogí el ocular de 10mm (125x), me centré en la zona en cuestión y empecé a deleitarme con el juego de luces y sombras lunares.

Este es el dibujo que conseguí al acabar la sesión de observación. Empecé muy animado, pero a medida que iba observando y dibujando me di cuenta que no era tan sencillo como me había parecido en un principio. A pesar de los sudores que me provocó el proceso del dibujo, al final quedé bastante contento del resultado, donde creo que se acaban apreciando, más o menos decentemente, los accidentes más representativos.



Son tres cráteres de tamaño similar, pero con grandes diferencias entre ellos. El cráter más reciente es Theophilus, y es precisamente por ello por lo que es el que se encuentra menos castigado.

Formado durante el periodo eratosteniano, que abarca desde hace aproximadamente 3.200 y 1.100 millones de años, presenta un diámetro de 101 km y una altura de 4.400 m. En el centro destacan las sombras de, creo distinguir, tres picos montañosos. Se extienden a lo largo de 30 km y llegan a elevarse hasta casi 2.000 m.

Su forma es circular y puede verse sin demasiada dificultad las terrazas que forman sus paredes, sobretodo esta noche, en la zona más cercana al terminador, que se encuentra bañada ya por los rayos solares. En ellas puedo apreciar fijándome un poco un diminuto cratercillo que me sugiere una oscura peca proporciona un curioso contraste respecto al blanco inmaculado de esta parte del cráter.

La pared de enfrente por el contrario, se muestra tétrica, negra, a la espera que el Sol se adueñe definitivamente de la totalidad del cráter.

El fondo de Theophilus, por lo menos con esta abertura, lo veo bastante homogéneo y con una marcada tonalidad oscura.

A su lado, encontramos Cyrillus, un cráter formado en el periodo nectariano (hace entre 3.920 y 3.850 millones de años) de unos 98 km de diámetro que no presenta un aspecto tan lozano como Theophilus, ya que el impacto de éste se sobrepuso a las paredes de la zona Nordeste del cráter.

Con todo, se pueden apreciar todavía unos picos centrales, no tan marcados como en Theophilus y unas terrazas en el Oeste. Terrazas que también han sufrido un impacto posterior (Cyrillus A). Este cratercillo ya no me recuerda a una peca, al contrario, se muestra con gran fuerza gracias al blanco inmaculado de los rayos solares reflejados en él.

El más antiguo de los tres cráteres es Catharina, con un diámetro de 100 km y formado al igual que Cyrillus en el periodo nectariano, ofrece un aspecto realmente castigado por el paso del tiempo y los destrozos provocados por impactos posteriores.

A pesar de ello, todavía se adivina su forma circular, aunque el impacto de Catharina P dejó un impresionante cráter de 46 km de diámetro solapándose en una de sus paredes. Y precisamente esto le confiere al conjunto un aspecto especial y muy atractivo.

Esta noche puedo distinguir en el interior del cráter a Catharina S (16 km) y en la parte exterior, lo que parece un añadido a la formación, Catharina C (28 km).

Sigo deleitándome con la contemplación de la zona, y una vez visitados los tres cráteres principales, me dedico a cazar los detalles que, a menudo, pasan desapercibidos ante la magnificencia de Theophilus, Cyrillus y Catharina.

A su lado, en la parte más alejada del terminador aparece una procesión tétrica de pequeños cratercillos negros. El Sol todavía no inunda su fondo y su aspecto es inquietante. Esta sucesión pasa junto el cráter Beamount, una formación circular poco elevada de unos 53 km de diámetro, y va a desembocar en Fracastorius, un cráter medio inundado por la lava de Mare Nectaris, dándole un aspecto de bahía.

Y hablando de zonas inundadas de lava, mi atención se dirige de nuevo a la zona de Theophilus, donde justo a su lado, al Norte disfruto de la presencia de Sinus Asperitatis, otra bahía, esta vez en Mare Tranquilitatis, que esconde un cráter fantasma sobre el cual se encuentra el cráter Torricelli.

Torricelli  se muestra soberbio, con un diámetro de 23 km y una forma de pera fruto a la superposición de un cratercillo más pequeño en su pared Este.

Con esto decido acabar con el dibujo, pero ello no quiere decir acabar con la observación.

Me dirijo hacia el Sur del terminador y llego a una zona que ya había dibujado. Se trata de Piccolomini, Rabbi Levi y Zagut, tres cráteres sensacionales:

http://laorilladelcosmos.blogspot.com.es/2010/05/piccolomini-un-juego-de-sombras-lunar.html

http://laorilladelcosmos.blogspot.com.es/2009/07/rabbi-levi.html

Y no quiero acabar sin comentar algo que me ha dejado realmente impresionado, que no ha sido otra cosa que Rupes Altai, una escarpadura que se extiende desde Catharina hasta Piccolomini, o lo que es lo mismo, unos 480 km. Según los científicos, Rupes Altai es la única parte que queda de la muralla formada después del impacto primigenio que formó Mare Nectaris. Lo más impresionante es que la elevación media que presenta es de 1.000 m, llegando a una máxima altura de 3.000m

Esta noche, tal como incide la luz solar en ella, hace que su vista sea memorable.

Al principio de la noche, aprovechando la buena estabilidad atmosférica, hice unas fotografías del terminador y de entre todas ellas he elaborado un pequeño mosaico de dos imágenes donde se puede apreciar todos los accidentes que pude observar, y disfrutar, esa noche  tan especial.


Y aquí rotulada:




martes, 11 de noviembre de 2014

Urano el 7 de noviembre de 2014

Con una Luna extremadamente brillante en el cielo, pocas alternativas de observación se presentaban la noche del 7 de noviembre de 2014.

Para colmo de males, la atmósfera presentaba unas turbulencias que dificultaban poder apreciar las estrellas realmente puntuales con mi SC de 235mm. Forzar los aumentos era un sin sentido, ya que cada estrella se distorsionaba de manera lamentable.

A pesar de todo ello, como ya he comentado varias veces, este 2014 está siendo un año bastante parco en noches aptas para sacar el telescopio y disfrutar del cielo en buenas condiciones, así que decidí aprovechar que me encontraba en mi pueblo para montar toda la parafernalia e intentar aprovecharen lo posible la noche.

Empecé intentando el ataque a algunos cúmulos abiertos, pero la Luna, iluminada en el  98,9% de su superficie se comía las estrellas más débiles de los cúmulos y les restaba mucho de su encanto. Decidí que era mejor dejarlos para otra noche más oscura.

En cuanto a galaxias y nebulosas, ni me lo planteé. Hice una rápida visita a M42, un buen baremo para calibrar la calidad de la noche, y a pesar de verse mejor de lo que me esperaba, quedaba poco contrastada, con lo que sumé una decepción más.

Continué visitando algunas estrellas dobles de la constelación de Andrómeda, pero en este caso, tan sólo estaban al alcance las que tenían una separación razonable. Si era necesario forzar aumentos para conseguir desdoblar las componentes, el tembleque de las estrellas arruinaba todo el encanto que pudieran tener. Igual ocurría con el brillo. La estrellas más débiles se veían muy afectadas por la Luna.

La Luna... tampoco era la mejor noche para ella, tampoco...

Y finalmente recordé que Urano se encontraba a tiro. Así que ni corto ni perezoso, hacia él me dirigí.

Situado a 19,16 UA de la Tierra, esta noche presentaba una magnitud de 5,7 y un tamaño de 3,7".

Al forzar aumentos, también se mostraba afectado por la turbulencia atmosférica, pero su tamaño y su precioso color permitían sacarle mucho más partido que a cualquier estrella.

Para verlo de manera confortable utilicé el Nagler de 16mm que me proporcionaba unos 146x, algo aceptable para las condiciones de la noche. Se apreciaba perfectamente su forma esférica y en un primer vistazo, ya se podía disfrutar de un bonito color verde botella.

Al cabo de un buen rato pensé: "Chaval, te has convertido en la estrella de la noche".

Y decidí probar de fotografiarlo con la DBK. De perdidos al río.

La foto está hecha a foco primario. Intenté acoplar la barlow de x2, pero el resultado, por culpa de la extrema turbulencia, era para llorar. En otra ocasión será.

Esta es la imagen final después de una dura batalla contra los elementos:


En 1690 John Flamsteed documentó por primera vez la observación de Urano. Por desgracia sus instrumentos no debían ser lo suficientemente eficientes y no fue capaz de reconocer un planeta en lo que estaba viendo, así que lo catalogó como una estrella a la que designó 34 Tauri.

Entre 1750 y 1769 el astrónomo francés Pierre Lemonnier también lo observó, pero al igual que Flamsteed, pensó que se trataba de una estrella.

Pero en 1781 William Herschel fue capaz de darse cuenta que no se encontraba ante una estrella cualquiera, si no ante otra cosa. En un principio creyó que se trataba de un cometa, y como tal lo catalogó el 26 de abril de 1781, pero posteriormente, gracias a las observaciones que realizó, ratificadas por otros astrónomos de la época, comprobó que la órbita alrededor del Sol era prácticamente circular, no elíptica ni parabólica, por lo que, finalmente en 1789, el mismo Herschel reconoció que lo que había tomado por un cometa era realmente un planeta. El primero descubierto gracias a un telescopio.

Urano es un planeta curioso. Presenta un eje de rotación inclinado unos 98º, supuesto fruto de algún fuerte impacto durante su formación. Esta inclinación provoca que la mayor parte de los 84 años que dura su órbita, los pase con un polo orientado hacia el Sol.

Su atmósfera está formada por hidrógeno, metano y otros hidrocarburos. Precisamente el metano es el responsable del característico color del planeta, ya que por un lado absorbe la luz roja y por el otro refleja los tonos azules y verdes.

A menudo cuando observamos Urano nos olvidamos que es un planeta que, al igual que Júpiter, Saturno y Neptuno, presenta una serie de anillos a su alrededor. Pero es un olvido razonable, ya que son tan débiles que no podemos verlos con nuestros telescopios de aficionado.

NASA, ESA, and M. Showalter (SETI Institute)
De vez en cuando va bien repasar esta serie de datos planetarios para ser conscientes de lo que estamos viendo a través del telescopio y no quedarnos con el concepto de "bolita verde botella".