domingo, 21 de diciembre de 2014

NGC2423 - Cúmulo abierto en Puppis

Descubierto en 1786 por William Herschel, NGC2423 es un vistoso y poblado cúmulo abierto que podemos encontrar en la constelación de Puppis.

Buscando información por internet acerca de él, he podido comprobar, siendo un poco benevolente,  que no es demasiado visitado por los astrónomos aficionados. Siendo un poco más duro, se podría afirmar que es un perfecto desconocido.

Y viendo su situación en el cielo, resulta bastante comprensible que pase completamente desapercibido viendo la categoría de sus vecinos, que no son otros que M47, a tan sólo 38’ y M46, algo más alejado, a 1,5º.

Carta generada con Cartes du Ciel

Sin embargo, si conseguimos abstraernos de los protagonistas principales de la zona, podremos disfrutar de un cúmulo abierto realmente atractivo.

La noche del 19 de diciembre de 2014 no se presentaba especialmente buena para la observación astronómica. Me encontraba en unos cielos oscuros, viendo a simple vista un espectacular cielo de invierno, sin la presencia de la Luna, completamente despejado; pero con un gran inconveniente: el viento.

No era muy fuerte, comparándolo con lo que podemos llegar a sufrir cerca de la desembocadura del Ebro, pero sí soplaba de una forma continuada, provocando unas turbulencias atmosféricas muy marcadas. Las estrellas más brillantes las veía como pelotitas de golf, mientras que me resultaba especialmente complicado percibir las más débiles.

Pero son ya muchos meses sin poder sacar el telescopio en condiciones y hay que aprovechar hasta la más mínima oportunidad que se presente.

Así que decidí apuntar hacia NGC2423 a ver qué podía sacar de él.

Y este es el dibujo que hice con el SC de 235mm y el Hyperion Aspheric de 31mm después de un buen rato batallando con el viento:



Mucho me temo que no he sido capaz de captar con el dibujo lo que realmente es este cúmulo abierto. Si tenemos el acierto de llegar a un equilibrio entre el campo de visión, que sea generoso para abarcar en perspectiva el cúmulo en toda su extensión, y la abertura, para ser capaces de percibir hasta las estrellas más débiles de él; podremos disfrutar de una panorámica impresionante.
Pero como he comentado antes, la noche no es la más adecuada, y la turbulencia con la que tengo que lidiar me deja la sensación de no estar exprimiendo al máximo la serena belleza de NGC2423.

La gran mayoría de componentes las percibo de color blanco-azulado y me recuerdan a un hormiguero en medio de una febril actividad horas antes que se produzca un fuerte chaparrón. Realmente espectacular.

Una cosa hay que tener en cuenta. Son necesarios unos cielos oscuros para poder percibir correctamente el cúmulo, y aunque es asequible a aberturas no demasiado grandes, si es cierto que al estar compuesto por muchas estrellas débiles, nuestra percepción acerca de la belleza de NGC2423 puede variar dependiendo del número de componentes que podamos cazar con nuestro telescopio.

Para concluir una curiosidad. En la estrella TYC 5409-2156-1 (también conocida como NGC2423-3), perteneciente a NGC2423, se ha descubierto el exoplaneta NGC2423-3 b:

http://www.openexoplanetcatalogue.com/system.html?id=NGC%202423%203%20b

jueves, 11 de diciembre de 2014

Schiller

Uno de los primeros cráteres lunares que observé después de la compra de mi primer telescopio fue Schiller, y lo que más me llamó la atención fue su forma alargada, tan diferente a lo que, por entonces, consideraba yo un cráter normal.

Lo primero que se me pasó por la cabeza fue que esa forma alargada era fruto de la perspectiva, pero enseguida me di cuenta que no se trataba de eso, ya que los pequeños cráteres que se encontraban a su lado (Rost y Rost A) se presentaban con una forma redondeada.

Ha pasado bastante tiempo desde que lo vi por primera vez, y la verdad es que siempre que puedo, vuelvo a echarle un vistazo.

La noche del 6 de agosto de 2014 tuve la oportunidad de observarlo con mi SC de 235mm cuando se encontraba prácticamente en el límite del terminador, y francamente, el juego de sombras que presentaba hizo que estuviera un buen rato pendiente de él.

Decidí ir haciendo un pequeño boceto que dejé inacabado, y estos días de sequía observacional lo recuperé y terminé de darle los últimos retoques para considerarlo como dibujo definitivo. Este es el resultado:


Esta noche, lo que más me gustó fue la parte de las terrazas del cráter que se encontraba flanqueada por las negras sombras, por un lado, del terminador, y por otro del interior del Schiller donde todavía no habían aparecido los rayos solares.

Quise volver a él a la noche siguiente, ya iluminado completamente pero con el terminador suficientemente cercano como para resaltar los detalles, pero no pudo ser. Las nubes volvieron a hacer acto de presencia en un verano marcado por los pocos días adecuados para la observación astronómica. Me queda pendiente el dibujo para otra ocasión.

El cráter Schiller puede observarse durante la onceava noche de lunación. Se extiende a lo largo de 179 km y en las zonas donde se presenta más ancho alcanza solamente los 70 km. Por otro lado, las paredes más altas se elevan hasta los 4.000 m.

Varias son las teorías acerca de la formación de Schiller. Según expone  Charles A. Wood en su libro “The Modern Moon” una de ellas propone que es fruto de un gigantesco colapso volcánico, al estilo del que formó el lago Toba en Sumatra (Indonesia), pero Wood la descarta debido a la falta de depósitos de ceniza que rodeen el cráter y la presencia de terrazas típicas de los cráteres de impacto.

Otra de las teorías que apunta sostiene que Schiller se formó por varios impactos separados en el tiempo, pero los diferentes cráteres que se sugieren como los formadores de Schiller están superpuestos de tal manera que lo que en realidad sugieren es que se formaron simultáneamente.

Otra propuesta defiende que el cráter se formó como consecuencia de un impacto producido con una inclinación muy baja (2º ó 3º). En la Luna existen varios ejemplos de este tipo de impactos, pero el gran tamaño de Schiller llama especialmente la atención, de tal manera que se ha llegado a aventurar que, efectivamente, Schiller fue producto de un impacto rasante que se produjo después que la Luna capturara un pequeño asteroide o un cometa que fue orbitando a su alrededor acercándose cada vez más a la superficie hasta que colisionó.

Mientras observo Schiller intento imaginarme cómo pudo haber sido cualquiera de estas teorías, y realmente, siempre acabo pensando lo terribles que debieron ser esas épocas primigenias en las que fueron tomando forma tanto la Luna como la Tierra, llegando finalmente a la situación “tranquila” actual que ha permitido el desarrollo de la vida tal y como la conocemos.



Quiero acabar la entrada adjuntando la foto que hice con la ASI120MM acoplada al SC de 235mm. Un bonito recuerdo y broche final a la observación lunar de la noche.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Luna, 8 de diciembre de 2014, 06h 52m T.U.

Cuando uno lleva una buena temporada sin poder sacar el telescopio y disfrutar de aquello que más le gusta de la afición, que por lo menos en mi caso no es otra cosa que observar; suele volver a los inicios, donde cualquier pequeño detalle que te ofrecía el cielo levantaba una gran admiración y despertaba tu imaginación y tu hambre de conocer más.

Esta fría mañana de diciembre, cuando me he levantado y he asomado la cabeza por el ventanal para ver qué tiempo presentaba el día, he visto justo enfrente a una Luna que se va alejando día a día de su plenitud, luchando contra las brumas matinales. Un juego de luces y sombras tétricas representaban un bonito espectáculo que me ha dejado embobado durante unos minutos.

Al final no he podido resistirme a ir a buscar la cámara Nikon D5100 e intentar inmortalizar el momento.





El frío ya estaba empezando a dominar mi cuerpo. Con un poco de melancolía, añorando una serena y fría noche de invierno disfrutando de un bonito paseo por las maravillas de Orión, Canis Major, Gemini o Monoceros vuelvo a entrar en casa a prepararme un café con leche bien caliente para afrontar un nuevo día.