domingo, 28 de junio de 2015

La fase de Venus el 26 de junio de 2015

El día 30 de junio y el 1 de julio de 2015 vamos a poder disfrutar de una bonita y peculiar conjunción planetaria entre Venus y Júpiter. Estos días se van a encontrar separados por tan sólo 22’ y 28’ respectivamente.

Carta generada con Stellarium

Esperando el acontecimiento, cada día después de la puesta de Sol voy comprobando como los dos planetas se van acercando poco a poco, voy pensando cómo organizaré la observación del 30 y me voy poniendo más nervioso.

Nervioso más que nada, por un lado mirando las previsiones meteorológicas, que salvo catástrofe inesperada, parece que serán buenas; y por otro lado, por la premura de tiempo desde que el cielo se oscurece lo suficiente como para ver a simple vista Venus y Júpiter, hasta que llega el momento en que me desaparecerán detrás de una montaña.

Más o menos calculo que dispondré de una hora en que las condiciones de observación serán las más adecuadas para intentar fotografiar y dibujar el evento.

Así que como siempre, habrá que planificar bien la observación para intentar evitar sorpresas desagradables… que seguro van a haber.

Después de la puesta de Sol del día 26 de junio, decidí practicar un poco con la cámara Nikon D5100 y la ASI120MM. Por culpa de no poder plantar el telescopio tan a menudo como me gustaría, estoy un poco oxidado con ellas.

El panorama general era prometedor:



Lo único que he hecho con ella ha sido oscurecerla un poco con el Photoshop para que Venus y Júpiter se vieran algo más contrastados. A las 20h T.U. (22h local), la luz del Sol todavía resulta bastante potente.

Y a continuación instalo el telescopio SC de 127mm y hecho un vistazo por el ocular. Júpiter impresionante, con unas bandas bien definidas y sus cuatro satélites galileanos en perfecta formación. Io a un lado del planeta y Europa, Ganimedes y Calisto al otro.

Apunto a Venus, y sin ser tan espectacular como Júpiter, no deja de ser tremendamente interesante de observar.
A simple vista sólo vemos un punto de luz de magnitud -4,42, pero cuando lo observamos a través del telescopio la cosa cambia.

Las densas nubes compuestas por gotas de  dióxido de azufre y ácido sulfúrico que lo cubren impiden que podamos ver ningún detalle de su superficie, sin embargo, sí que podemos apreciar las fases que presenta, y es muy curioso comprobar que estando iluminado en una pequeña porción de su superficie, esta noche del 26 de junio el 37%, brilla de manera tan intensa.

Estoy un buen rato disfrutando del espectáculo y la final acoplo la ASI120MM y saco una imagen que muestra perfectamente la fase venusiana del momento.



Ahora a esperar con los dedos cruzados el día de la conjunción.

viernes, 26 de junio de 2015

Mare Humboldtianum y el cráter Endymion

He de reconocer que la intención que tengo en ser metódico a la hora de planificarme una sesión de observación, desaparece cuando decido echar un vistazo a la Luna.

Cuando la miro, prefiero la improvisación, prefiero dejarme sorprender por ella.

Esta naturalidad observacional tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes. Uno de ellos es que no suelo aprovechar las libraciones lunares favorables, aunque de vez en cuando me encuentro con sorpresas agradables, como la que tuve el pasado 20 de junio de 2015.

Seguro que muchos ya sabréis a lo que me refiero cuando hablo de libración, pero nunca está de más hacer un pequeño inciso para explicar lo que es por si alguien es la primera vez que oye este término.

Es conocido por todos que desde la Tierra siempre vemos la misma cara de la Luna, debido a que nuestro satélite tarda lo mismo en dar una vuelta sobre su propio eje que en orbitar por completo a nuestro planeta.

Y muchos dan por sentado que sólo podemos observar el 50% de la Luna. Pero esto no es así. En realidad, podemos ver el 59% de la superficie lunar gracias a una serie de movimientos oscilatorios que conocemos como libraciones.

Por un lado, existe una oscilación en latitud, de unos 6º 50’, provocada por la inclinación del eje de rotación lunar, que no es completamente perpendicular al plano de su órbita.

Por otro lado, tenemos una libración en longitud, de unos 7º 54’, producida por la combinación de la velocidad de revolución, que es variable durante toda la vuelta que da alrededor de la Tierra, y la velocidad de rotación lunar, que es uniforme.

Y finalmente tenemos la libración diurna, que se produce a medida que la Tierra va rotando. Cuando la Luna sale por el horizonte muestra un lado algo mayor por una parte de su limbo, y cuando se pone, el área mayor se muestra en el lado opuesto del limbo.

Debido a las múltiples variables que afectan las libraciones, para saber los puntos favorables, es decir, las zonas lunares que podemos observar en un momento dado y que por lo general, debido a su posición cercana al limbo lunar, no podemos ver; una buena opción es utilizar el programa “Virtual Moon Atlas” de Patrick Chevalley y Christian Legrand.

Sólo hay que seleccionar la pestaña de “Configuración” y marcar la casilla “Mostrar la Libración”. Después veremos una flecha roja que nos indicará la zona de libración favorable.

Volviendo al día 20 de junio.

Me encontraba en Barcelona ciudad, sólo tenía a mano el SC de 127mm y la turbulencia incordiaba bastante, pero a pesar de todo, decidí sacar el telescopio para disfrutar un poco de la Luna de una manera distendida.

Mientras iba montando abrí el Virtual Moon Atlas para ver si podía observar alguna cosa especial y comprobé que me señalaba la zona del Mare Humboldtianum en libración favorable.

Virtual Moon Atlas

Así que apunté hacia allí y me dispuse a disfrutar preparando un bosquejo lunar a medida que iba observando.



A nivel visual, lo primero que me llama la atención es la pequeña porción lunar que queda enmarcada entre el negro del espacio y la sombra oscura cercana del terminador.

A continuación, puedo comprobar que la presencia de Mare Humboldtianum resulta evidente, aunque como digo, la turbulencia urbana hace que la vista baile un poco. A pesar de todo, hay momentos de tregua en los que puedo disfrutar mejor del panorama.

Lo percibo con una forma ovalada y alargada, sin ningún tipo de detalle dentro del mar, si bien es cierto que le noto una tonalidad algo más oscura que lo que se encuentra a su alrededor… a excepción de un bonito y espectacular cráter vecino, Endymion, que muestra una superficie algo más oscura debido a la lava que lo cubre y a su posición cercana al terminador.

A vista de pájaro, ambos muestran una forma circular, pero debido a la perspectiva desde la Tierra, ofrecen un aspecto algo alargado.

Endymion es un cráter formado en el periodo pre-Nectariano (desde -4,55 hasta -3,92 mil millones de años) que presenta un diámetro de 125 km y una profundidad de unos 2,6 km.

No conocía a qué o a quién hacía referencia el nombre de Endymion (Endimión), así que he buscado información al respecto. Veo que hace alusión a un personaje mitológico griego que, como es habitual, tiene varias representaciones e historias dependiendo de las fuentes consultadas. No las expondré todas aquí, por qué me extendería demasiado, sin embargo algo comentaré.

Lo normal es que los humanos se queden prendados por la belleza de la Luna, pero en este caso, fue la misma Selene quien se enamoró de Endymion, un joven y apuesto pastor, hasta tal punto que pidió a Zeus que le concediese el deseo que mejor le viniera en gana. Éste, después de pensarlo, pidió permanecer en un eterno sueño que le permitiera mantener siempre la juventud y los recuerdos de los felices sueños que tenía durante las noches en las que cuidaba de su rebaño, pero con la condición de poder mantener los ojos abiertos para contemplar la belleza de Selene.

Otra versión más prosaica hace referencia a que Endymion era un sabio que pasaba las noches observando el movimiento de los astros

Sea como sea, en visual resulta un cráter muy interesante. Además, con telescopios de mayor tamaño aún puede sacársele un mayor partido intentando cazar algún cratercillo en su interior.

Vuelvo a fijarme en el limbo lunar y puedo apreciar al lado del Mare Humboldtianum, dos líneas oscuras. Reviso en el Virtual Moon Atlas la zona y los identifico con dos cráteres que también resultan un verdadero reto observacional, ya no sólo por su situación, que obliga a esperar a una libración favorable, sino también por su pequeño tamaño.

El más cercano al limbo es Bel’Kovich K, un cráter circular de 47 km de diámetro; y Hayn, también circular y con un diámetro de 88 km. Lo curioso, como digo es que los puedo percibir como una línea alargada y gracias a las sombras de sus paredes donde todavía el Sol no las ha bañado con sus rayos.

Vuelvo a fijarme en Mare Humboldtianum, a ver si soy capaz de descubrir algún detalle, pero la turbulencia y la abertura de mi telescopio no me dejan otra opción que percibir de manera clara sus límites externos y la zona interior un poco más oscura.

A pesar de las dificultades, vale la pena tomarse la molestia de visitarlo por el hecho de ser una de las zonas lunares con una densidad de masa notoriamente diferente al del resto del satélite.

Las zonas que presentan esta característica reciben el nombre de Mascon (abreviación derivada del término inglés Mass Concentration).

A mediados de los 60 la NASA se encontró con un problema inesperado mientras hacían el seguimiento de las órbitas de los satélites que enviaban a la Luna. Había zonas, especialmente en ciertos maria, donde se producía una variación gravitacional que podía provocar alteraciones en la órbita de la nave y ponerla en peligro.

Desde entonces, estas anomalías gravitacionales han sido objeto de estudio. Se fueron barajando varias hipótesis acerca de sus causas, siendo la más aceptada actualmente la que sostiene que se generaron cuando el interior de la Luna era mucho más caliente de lo que es ahora. La corteza de nuestro satélite y el manto denso emergente se combinaron a raíz de grandes impactos cometarios o de asteroides, creando el patrón distintivo de estas anomalías de densidad.

El 10 de septiembre de 2011 la NASA envió dos sondas gemelas a la Luna para elaborar un preciso mapa gravitacional de la Luna. La misión es conocida como GRAIL (Gravity Recovery And Interior Laboratory) (http://solarsystem.nasa.gov/grail/home.cfm) y resultó un verdadero éxito.

Este es el mapa resultante, donde se muestra el campo de gravedad de la Luna, medido por la misión GRAIL de la NASA. En él aparece la cara oculta de la Luna en el centro mientras que la cara visible desde la Tierra aparece en los extremos.

El color rojo indica las zonas donde la gravedad es mayor que la media lunar, mientras que las partes azules muestran una gravedad menor.

Crédito de la imagen: NASA / JPL-Caltech / GSFC / MIT

Finalmente decido acoplar la cámara ASI120MM al telescopio e inmortalizar con ella el momento haciendo un mosaico con dos imágenes:


Y este es un detalle con los accidentes que más me llamaron la atención rotulados:



Para que quede más claro visualmente la influencia de las libraciones a la hora de observar la Luna, adjunto una foto que pude sacar con el SC de 127mm y la cámara ASI120MM el 26 de junio de 2015. En ella, a la derecha vemos los espectaculares Aristóteles y Eudoxus, hacia la izquierda, nos encontramos con Hércules y Atlas, y a continuación, con su inconfundible suelo oscuro, el cráter Endymion. Y de Mare Humboltianum, comido por el limbo.


Termino con dos espectaculares fotos de la zona del cráter Endymion y de Mare Humboldtianum que podemos ver en la página de la Unión Astronómica Internacional:

http://planetarynames.wr.usgs.gov/images/Lunar/lac_14_wac.pdf

http://planetarynames.wr.usgs.gov/Page/Moon1to1MAtlas

Y de Mare Humboldtianum:

http://planetarynames.wr.usgs.gov/images/Lunar/lac_15_wac.pdf

Me ha quedado una entrada un poco más larga y densa que de costumbre, pero creo que en este caso está un poco justificado si seguimos la máxima de que la observación es más rica si sabemos lo que estamos observando.

Y como siempre, la Luna dando grandes satisfacciones a pesar de las limitaciones de la observación urbana.

viernes, 19 de junio de 2015

2015-06-18 - Phemu - Ganímedes oculta Io

A finales del año pasado leí por primera vez la palabra “Phemu” referida a los satélites galileanos, y a decir verdad, me quedé sin saber a qué se estaban refiriendo exactamente.

Posteriormente, busqué un poco de información y vi que “Phemu” es el acrónimo que se utiliza para designar el conjunto de los Fenómenos Mutuos entre los satélites de Júpiter.

Yo conocía perfectamente, y había podido disfrutar muchas veces, de los tránsitos, eclipses y ocultaciones de los satélites galileanos en relación a Júpiter, pero no se me había ocurrido pensar en que también podía ser testigo a través del telescopio de una interacción entre ellos.

Vi que estos eventos no eran tan frecuentes como los relacionados con el planeta, ya que estos fenómenos mutuos se producen cada 5,93 años, a lo largo de aproximadamente ocho meses, cuando el Sol, junto con la Tierra, cruza el plano ecuatorial de la órbita de Júpiter, permitiendo desde nuestra perspectiva disfrutar de estas interacciones ente satélites.

Con este esquema se puede entender sin dificultad en qué consisten los Phemu:



Podemos ver que existen dos tipos genéricos de fenómenos.

Por un lado, tenemos los eclipses, que pueden ser totales, cuando la sombra cubre al satélite eclipsado por completo; parciales, cuando sólo cubre una parte; anulares, cuando la sombra de un satélite se proyecta sobre otro de diámetro superior; y penumbrales, cuando se eclipsa un satélite alcanzado sólo por el cono de la penumbra.

Por otro lado, se producen las ocultaciones, que no es otra cosa que la superposición de un satélite ante otro desde la perspectiva de la Tierra. En estos casos, la clasificación utilizada distingue entre las ocultaciones totales, parciales y anulares.

En los periodos donde se producen los Phemu, el  Institut de Mécanique Céleste et de Calcul des Éphémérides -IMCCE (http://www.imcce.fr/phemu/) suele organizar una campaña de observación, medición y análisis de los fenómenos que involucra tanto a astrónomos profesionales como aficionados.

Mi objetivo sin embargo era mucho más modesto, quería ser testigo por primera vez de un Phemu, hacer un seguimiento visual y ver las posibilidades que me pueden ofrecer mis equipos para disfrutar de estos eventos.

Pues bien, han ido pasando los meses y las fechas más favorables y me ha resultado imposible cazar ninguno. No me lo podía creer.

Pero ya cuando estaba a punto de desistir, vi en las efemérides que el 18 de junio de 2015 se iba a producir una ocultación de Io por Ganímedes.

El evento me pillaba en Barcelona ciudad y disponiendo sólo de mi SC de 127mm, pero visto el éxito que estaba teniendo durante esta temporada 2014-2015, decidí no ser quisquilloso y por poco que pudiera, debía intentar ser testigo de la ocultación.

Pues bien. Prueba conseguida.

Pero el resultado ha sido bastante limitado debido a diversos factores que han jugado en mi contra. Pero con todo, me fui a dormir satisfecho por haber podido presenciar, aunque fuera precariamente, mi primer Phemu.

Estaba previsto que la ocultación empezara a las 20h 57m 20s T.U. y concluyera a las 21h 06m 16s T.U.

Intenté llegar a casa con tiempo para preparar la observación, pero una cosa es lo que nos proponemos, y otra lo que ocurre realmente. Así que cuando quise darme cuenta, ya llegaba tarde para presenciar el acercamiento de los dos satélites y la ocultación.

El caso es que pude poner el ojo en el ocular Takahashi de 7,5mm (166x) acoplado al SC de 127mm hacia las 21h 08m T.U. y no fui capaz de distinguir ninguna separación entre Io y Ganímedes. No me extraña, ya que la separación entre ambos era en esos momentos de tan sólo 1,5”. A efectos visuales con mi telescopio representaba que la ocultación todavía se estaba produciendo.


Llegados a este punto me planteé el evento como si de desdoblar una doble se tratara. Pero con una diferencia, en este caso no tendría que esperar demasiado para apreciar movimiento entre componentes.

Por otro lado, Europa se encontraba muy cerca de Júpiter, y aproximándose, mientras que Calisto casi queda fuera del campo que me proporciona el ocular.

Júpiter no se eleva demasiado respecto al horizonte, y la turbulencia de la ciudad resulta un verdadero incordio. A pesar de ello, me fijo en la pareja Io/Ganímedes para ver cuándo soy capaz de verlos desdoblados. Y puedo afirmarlo de manera meridiana hacia las 21h 14m T.U., cuando presentan una separación de 3,9”. Las condiciones de observación, sin duda, no son las mejores. Observando dobles, una separación de 3” para mi SC de 127mm en una buena noche, no resulta excesivo problema.



A las 21h 20m T.U. la separación es más evidente, pero lo que ahora me llama la atención es Europa. A medida que se va acercando a Júpiter, el brillo de éste hace que el satélite vaya percibiéndose con un brillo más debilitado.


El último dibujo que hago es a las 21h 30m T.U.




Io y Ganímedes alejándose ya poniendo 6,6” de por medio. Europa a 3,6” de pasar por delante del disco planetario y cada vez más débil, y la turbulencia, con Júpiter a unos 12º respecto al horizonte, completamente desbocada.

Decido dar por terminada mi primera aproximación a un Phemu, y como he dicho al principio, a pesar de los imponderables, la experiencia ha sido buena y me anima para, en un futuro que puede ser más o menos lejano, intentar la caza de estos peculiares eventos de los satélites jovianos.

Adjunto un gif de dos imágenes tomadas con la DBK21, la primera a las 21h 03m T.U., cuando todavía estaba evolucionando la ocultación, y la segunda a las 21h 22m T.U., cuando Io y Ganímedes ya se encuentran perfectamente separados.


No ha habido tiempo para más, pero como digo, una bonita experiencia. Ahora sólo falta poder pillar alguno con el SC de 235mm, pero mucho me temo que ya va a ser, Dios mediante, dentro de unos 6 años.

Para terminar, no he podido resistirme a grabar una animación de esta ocultación con el Starry Night:

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